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martes, 23 de abril de 2013

Irlanda


Irlanda es uno de esos sitios por los que uno tiene predilección. No sabría decir muy bien por qué, ni desde cuando… Pero es así. Siempre me ha interesado su música e historia… Y para mí es un valor añadido el que cualquier película o libro estén ambientados en Irlanda que me hace decantarme por su lectura o visionado en más de una ocasión. Estas predilecciones quizás no son muy racionales, pero tampoco importa, el caso es que a veces se dan y a mi me ocurre con este país.

Irlanda del Norte
Sin embargo, y a pesar de que viajar es uno de mis vicios, hasta ahora no se habían dado las circunstancias necesarias para visitar la isla… En muchos de mis viajes el destino surge fruto de varias coincidencias y no suelo luchar contra ello pues si algo he aprendido es que los resultados de los viajes no siempre coinciden con las expectativas y muchas veces he disfrutado mucho de algunos sitios a los que un mes antes de viajar ni si quiera me había planteado nunca ir.

Pero esta vez sí que se juntaron los astros. Junto con dos amigas viajeras, un mes antes empezamos a planificar un viaje cuyo destino iba a ser Irlanda. Bueno, lo de planificar es un decir… Pues somos un poco iguales en esto… Preferimos la planificación diaria con un aderezo de improvisación que muchas veces da los mejores resultados…

Irlanda no es un país especialmente monumental y aunque tiene costas y valles que merecen la pena tampoco es de los más increíbles en cuanto a naturaleza o parajes… Pero tiene un poco de todo y con el añadido de su música, sus pubs y sobre todo, el carácter irlandés, se convierte en un país muy interesante para el viajero.

El planteamiento para el viaje era simple. Campamento base en Dublín y un coche de alquiler. Lo demás ya iría saliendo. Por cierto, lo de conducir por la izquierda lo llevo bien, no es la primera vez que lo experimento en viajes, lo que ya no llevo tan bien es lo de ir despacito por carreterillas estrechas… Pude comprobar la teoría de que si vas rozando con el coche las paredes del camino puedes acabar con el paragolpes descolgado y la rueda reventada… En fin… Afortunadamente somos un equipo experimentado en boxes y pudimos continuar la carrera.

Dublín, Temple Bar
Dublín me gustó mucho. Por supuesto que a parte de las zonas turísticas no faltó la visita a la fábrica de Guinness o a la de Jameson… Pero lo que más me gustó fue el ambientillo de sus pubs. Normalmente el día acababa por la zona de Temple Bar, con algunas pintas y buena música. Como suele ocurrir muchas veces cuando no buscas algo es cuando más lo encuentras. Algo así me pasó la última noche, en la que buscando algo de cenar, a la vuelta encontré un bar en el que sonaba música y entré a tomar una pinta a ver que tal… Y la verdad es que fue el día que más disfruté de la música… Por Irlanda no trasnochan tanto como nosotros y normalmente la música acaba pronto para un noctámbulo como yo, sin embargó en este sitio la cosa se alargó un poco más, y claro, me tuve que involucrar y acabar bailando para bajar las pintas… Supongo que influiría para la fiestecilla el que era el día de la conmemoración del Easter Rising y que el bar era bastante nacionalista.

Por cierto, esto del nacionalismo es algo que llevan con bastante orgullo y se hace patente por todo el país, supongo que es lógico dada su historia reciente. Los que me leéis de vez en cuando sabéis que yo lo de las banderas en general lo llevo bastante regular, pues como he mencionado alguna vez yo a las personas no les miro la denominación de origen sino otros parámetros cualitativos. Pero no voy a hacer ahora debate. Si saco a colación el tema es porque me llamó la atención una conversación que tuve con un joven irlandés. El chaval se conocía toda la historia de España casi mejor que yo… El caso es que yo le escuchaba curioso y cuando le mencioné que mi padre era extremeño me habló de que el castúo no se debía perder y de que los extremeños debían luchar por fomentarlo pues si no perderían su identidad… ¿Cómo narices ha oído hablar un irlandés del castúo si la mitad de los españoles no saben ni lo que es? Me encantan estas conversaciones taberneras y las sorpresas que te pueden deparar…

Las ciudades de Cork o Galway no nos llamaron especialmente la atención. Lo mejor eran sus bares y eso también lo teníamos en Dublín así que no estuvimos mucho. Llegando a Galway me fui fijando en los carteles y constaté que es de las zonas en las que más se usa el gaélico.

Derry
Lo que me impresionó bastante fue todo lo referente a los murales políticos de la historia reciente de Derry y Belfast. No es que no me lo esperara, pues como he dicho me llama la atención la historia de Irlanda y el tema de “the troubles” es algo sobre lo que he leído bastante y dado que hay tanta filmografía al respecto, también he visto bastantes películas ambientadas en aquellos acontecimientos. Pero estar allí, verlo… al final impresiona. En Belfast contratamos un taxi negro para que nos hiciera un recorrido por la zona del conflicto. El taxista, católico, cuando vio que teníamos interés y conocimiento del tema, poco a poco se fue explayando y sacando lo que tenía dentro. La verdad es que se evidenciaba que había tenido un pasado bastante militante y que a pesar de los avances políticos por intentar establecer un marco de convivencia aún hay heridas sin cicatrizar en ambas comunidades que hacen que quede mucho camino por recorrer.

Valle de Glendalough
En cuanto a las zonas que visitamos, fueron varios los pueblecitos y algún que otro castillo. La zona de Connemara, a pesar de que tiene más fama no me resultó muy espectacular, en cambio si que me llamó la atención el valle de Glendalough. Allí sí que tenías la sensación de estar en el escenario medieval de muchas leyendas celtas y avanzabas con la cautela necesaria para no incomodar a ningún duende o no despertar a ningún espíritu errante del bosque… Aunque la zona que más me gustó con diferencia fue la costa de Irlanda del Norte por donde anduvimos un par de días. No es que haya nada insólito que no haya en otros sitios, la calzada del gigante no es tan espectacular como otras formaciones basálticas que he visto en Islandia o La Gomera, y puentes colgantes o castillos elevados hay en varios sitios… Pero encontrar todo esto junto en un paraje de costa natural con acantilados convierten la zona en un paraje con vistas excepcionales.

Castillo de Dunluce
Desgraciadamente también el clima resultó excepcional, ya que se vivió una ola de frio polar que ningún lugareño recordaba en similares fechas. De hecho nos nevó varios días. Cada vez que nos bajábamos del coche y la “suave brisa” polar acariciaba nuestros rostros pensaba en cuando hace años leí novelas sobre los periplos de la conquista antártica y pensaba en que me hubiera gustado ser protagonista… Pues bien, he cambiado de opinión.

Este clima explica que en cuanto a referencias gastronómicas del viaje si de algo puedo hablaros es de sopas. Al menos caían dos al día y es que era lo primero que te apetecía pedir cada vez que entrabas a un sitio, pero poco más puedo decir de ellas, salvo que estaban muy buenas, porque fueron tantas las consumidas que ya ni recuerdo cuales me gustaron más o menos… Lo que sí que recuerdo que me gustó mucho fue el estofado irlandés. Es un estofado de cordero con cebolla y patata y resultó un todo un descubrimiento.

He dejado para el final la referencia a la cerveza… Ciertamente, una guinness o una murphys te la puedes pedir en cualquier país y aunque es verdad que allí la saben servir justa de presión y espuma, también se pueden encontrar algunos pubs por aquí en que saben servirla… Pues bien, a pesar de todo eso, no tiene nada que ver. Ya sé que no es racional y no tiene lógica, pero es así, no es lo mismo. El ambiente, saber donde estás… Se disfruta de manera distinta y como digo hasta te sabe distinta. Puede que sea un romántico para estas cosas, pero así fue.

Bueno, pues hasta aquí la crónica del reportero más dicharachero Barrio Sésamo. Éstas fueron mis impresiones, más o menos, de este último viaje… Os recomiendo el país si disfrutáis de la hospitalidad y del ambiente de un pub al calor de la música mientras degustáis una cerveza, no se me ocurre mejor sitio para ello. Eso sí, mirad antes que no haya otra racha de frio polar de esas si no queréis sentiros como el pobre capitán Scott.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

California


Bueno, pues como prometí que os comentaría a mi vuelta que tal me había ido en mi último viaje y suelo cumplir casi siempre las promesas que hago sobrio… Vamos a ello…

He estado algunos días en California  (bueno, también en Nevada y Arizona para ver Las Vegas y el Gran Cañón, pero casi todo el resto por sitios de California…) y la verdad es que ha sido un viaje increíble que he saboreado muchísimo. No era la primera vez que estaba en USA, pero nunca había estado en la costa oeste.

El viaje surgió hace ya tiempo entre varios y después de que si yo voy, que si yo no voy… al final los finalistas fuimos una amiga y yo así que hemos sido finalmente dos los agraciados con el reintegro.

Dado que por las fechas no parecía que fuera a haber problemas para el alojamiento, el viaje lo planificamos en plan “Dios proveerá”, que es una fórmula que disfruto bastante en los viajes por el componente de aventurilla que incluye y por ello lo único que llevábamos reservado (a parte del avión de ida y vuelta, claro) era el primer alojamiento (por aquello de que te lo piden en el control de aduana) y el coche de alquiler (por aquello de que era más barato anticiparlo con descuento). Para el resto contábamos con encontrar alojamiento allí donde la ruta nos deparara pernocta.

Death Valley
La “planificación” incluía llegar a San Francisco, de aquí, ir a los parques nacionales de Yosemite, King Canyon, Sequoia y Death Valley, luego ir a Las Vegas, al Gran Canyon y finalizar en Los Angeles pasando antes si nos daba tiempo por San Diego. No teníamos muy pensado cuanto pasar en cada sitio, ni si nos daría tiempo a todo, sino que dejaríamos que el viaje fuera deambulando según nuestro parecer y al final sí que nos ha dado tiempo a todo. Los únicos sitios en que hicimos dos noches fueron San Francisco y San Diego. El no llevar los alojamientos planificados ha sido uno de los factores que ha contribuido al éxito de viaje. Ello te permite disfrutar de la aventurilla de pensar que no vas a encontrar alojamiento, (como nos pasó una noche en un pueblo del que no recuerdo el nombre entre Wine County y Yosemite) y cambiar planes sobre la marcha si algo te gusta, (como hicimos cuando decidimos pasar dos noches en San Diego).

Otro de los éxitos del viaje ha sido sin duda la compañía. Como ya os he comentado alguna vez, hace un tiempo que descubrí que viajar sólo tiene muchas ventajas. Viajar con amistades es siempre delicado ya que no es lo mismo estar de farra tomando unas copas en cuyo caso todos somos gente sociable y nos ponemos rápidamente de acuerdo, que convivir varios días, en cuyo caso a veces surgen divergencias que si no se saben tratar pueden condicionar un viaje. En cambio he descubierto que yo a mi mismo me soporto muy bien, rara vez discuto conmigo  y suelo aceptar todo aquello que propongo como la mejor opción. Por ello si has de viajar con alguien es necesaria la compatibilidad viajera. ¿Cómo se hace esto? Pues bien, yo tengo mi propia formula. En algunas revistas de psicología a lo mejor os proponen ver si os gustan los mismos colores o que tres cosas os llevaríais a una isla desierta… Creedme, eso no vale para nada. Lo fundamental es que coincidáis en gustos musicales. En mi caso para este viaje, en el que íbamos a pasar tiempo en el coche, era imprescindible que coincidiéramos en música americana, blues, rock y country, y en el elevado volumen de la misma. Esto con mi amiga, una buena rockera, lo tenía asegurado. Se confirmó el primer día cuando sonando una canción de los Rolling subió el volumen y me dijo… “que buena, con esta canción a todo volumen di cinco vueltas de campana…” Ahí ya vi que el viaje empezaba bien, pero tuve la confirmación cuando un día yendo de copiloto me agaché a coger un papel comentando que nos habíamos pasado el desvío y cuando elevé la cabeza estábamos cambiando cinco carriles de golpe en perpendicular a la dirección en medio del tráfico de Las Vegas para coger el desvío. Ahí supe que nos entenderíamos. A partir de ahí, como digo, si os gusta la misma música en el coche, y no hay riesgos de que salga un Alejandro Sanz cuando te descuides, lo de horarios, comidas, sitios a donde ir, etc. son trivialidades en las que es fácil ponerse de acuerdo. Bueno, fuera de bromas, creo que la compañía en los viajes es fundamental para saborearlos y he tenido mucha suerte de coincidir con mi amiga, otra viajera con gustos parecidos a los míos.

De las ciudades no puedo hacer un balance uniforme, las hay que me han gustado mucho y las hay que no tanto.


San Francisco
San Francisco me ha encantado. Es una ciudad de esas en que creo que podría vivir. La verdad es que no se por qué me hago esta pregunta cuando voy por ahí de viaje, pero para mí es como la prueba del algodón. Y San Francisco ha sido una de ellas. Es una ciudad con muchos barrios distintos cada uno con su encanto. Visitar algunos de los sitios más turísticos es especial en esta ciudad, sobre todo en sitios como el Golden Gate o Alcatraz que tantas veces has visto en las películas. A mí en cuanto a barrios me gustó mucho el barrio italiano, por su ambientillo nocturno para tomarse algo o cenar… Las famosas cuestas que se ven en la tele, no son un problema de perspectiva, son reales, por lo que si sois de los que os gusta recorreros las ciudades en bici, aquí es mejor que descartéis esa opción a no ser que tengáis los gemelos de Induráin. En San Francisco pasamos dos noches en un hotel de Chinatown, lo cual es una buena opción pues se haya en el centro de todo el meollo y te permite ir andando a casi todos los sitios. Eso sí, ha sido el sitio en el que pasé más frio por la noche. Parece ser que en el hotel tenían la bonita costumbre de abrirte la ventana todo el día para que la habitación no alcanzara una temperatura razonable en toda la noche. Qué le vamos a hacer.

Las Vegas
Las Vegas es una ciudad totalmente distinta a todo lo que yo había conocido. Ni me ha sorprendido ni me ha decepcionado. Simplemente es como yo me la esperaba. He de reconocer que tenía muchas ganas de pasear entre los neones del escenario de tantas películas… en especial de Leaving Las Vegas, una de mis películas favoritas de todos los tiempos… No sé que contar de Las Vegas que no sea obvio… Sí, es todo lo que sabéis de vicio y perversión… Todo ello con luces de colores, fuentes y recreaciones bonitas… Pero vicio, mucho vicio (juego, alcohol, prostitución), con lujo, mucho lujo… Al final mi compañera y yo nos dedicamos una hora a jugar un ratillo a la ruleta. He de decir, con orgullo, que después de estar una horilla apostando, no perdimos dinero, aunque las ganancias no nos dieron ni para una copa. Mi amiga y yo teníamos dos métodos distintos. Yo calculaba el logaritmo neperiano en base a una matriz de probabilidades traspuesta e invertida a la probabilidad… (o algo así). Ella ponía las fichas y se olvidaba de donde las había puesto, con lo cual cuando le tocaba se llevaba una alegría… En fin, los dos métodos dieron igual resultado, lo cual demuestra que en esto de los juegos de azar, la palabra azar juega su papel más que cualquier otra posibilidad de método… El hotel era de lujo con unas vistas acristaladas en la habitación a un espectáculo de agua, luz y sonido que debía de parecerles bien a la mayoría de los huéspedes, pero a mí lo que más me gustó fue el control automático de las distintas cortinas, con las que estuve jugando un rato hasta cerciorarme de todas las combinaciones de cierre y apertura posibles.

San Diego
San Diego me resultó una grata sorpresa. Quizás porque era la menos conocida. Tiene dos o tres barrios muy chulos para pasear y sobre todo para tomarse algún que otro refrigerio nocturno escuchando música en vivo, como el barrio de Gaslamp Quarter, en donde tuvimos oportunidad de escuchar a distintos grupillos con suerte dispar (A uno de ellos le nominamos rápidamente, pero el último llegó a la final por unanimidad del jurado).

Lo que me decepcionó bastante fue Los Ángeles. La verdad es que la cosa ya perdió glamour cuando llegando a Hollywood observé que al famoso cartel le faltaba la Y y claro, HOLL WOOD no queda chulo en las fotos… El famoso boulevard de las estrellitas en el suelo… No es más que eso… Una calle con estrellitas en el suelo, pero una calle normalita, por ser benévolo, la calle que tenemos dedicada a AC/DC en mi pueblo tiene más glamour… Como todo el mundo te recomienda visitar los decorados de los estudios Universal, allí que fuimos ni cortos ni perezosos. La visita consiste en que tras cobrarte 80 dólares te montan en un trenecito con un hombre al micrófono con vocación de Matías Prats que se va parando en distintos decorados exteriores en los que te explica que películas se rodaron ahí y luego para darle emoción al tema hacen alguna recreación en la que el factor común de todas ellas es que siempre se las apañan para tirarte agua encima (con especial énfasis en el sitio en el que yo me sentaba). Esto supongo que debe ser agradable en verano, pero en noviembre, cuando te has dejado el abrigo en el coche, el ejercicio resulta temerario para alguien como yo que en su inconsciencia va en mangas de camisa y tiene ya una edad en que los riñones solo se sienten agradecidos al calor de un edredón nórdico. En cambio lo que si me gustó mucho fue Malibu y Santa Mónica, donde finalmente hicimos noche y tuvimos oportunidad de disfrutar del ambientillo nocturno.

Death Valley
Me impactaron muchísimo los parques nacionales. Yosemite es espectacular por su belleza, King Canyon and Sequoia son un enorme bosque en el que las protagonistas son las secuoyas, la verdad es que son secuoyas tan grandes que la perspectiva visual te engaña y no te das cuenta del tamaño real hasta que no te ves en la foto que te has hecho al lado del arbolito. Grand Canyon es como en las películas, increíble por más que lo ves… Aquí hicimos la típica ruta en helicóptero por dentro del cañón que creo que fue un acierto pues te permite un recorrido en el que se aprecia en toda su inmensidad. Sin embargo el parque nacional que más me sorprendió fue el Death Valley. Quizás influya que fuera sobre el que menos había visto o leído, no lo se, pero me resultó espectacular. Es un paisaje desértico y lunar con zonas de sal, de roca, de dunas…. Tiene un tramo que está por debajo del nivel del mar. Recuerdo que en una de las paradas que hicimos en el centro del valle, nada más bajarnos del coche empezamos a notar un calor insoportable. Yo me aventuré diciendo que debíamos estar a cerca de 40ºC y comentamos que era muy raro tanto calorcillo. Posteriormente me he enterado de que el Death Valley además de ser el sitio más desértico y caluroso de Norteamérica es también el lugar del planeta en donde se registra la temperatura media más elevada por un fenómeno de microclima. Teniendo en cuenta que la anchura del valle es de 200km, que está seco y que puede alcanzar los 57ºC… no me extraña el final que debían tener hace siglos los que se aventuraban en él a caballo… y en consecuencia, el nombre que le pusieron.

On route
A parte de las ciudades y los parques nacionales disfruté mucho de la ruta en coche. Evidentemente hay parte del trayecto que transcurre por autopistas que no son especialmente atractivas, pero no faltan las típicas carreteras totalmente rectas que se pierden en horizonte atravesando desérticas llanuras. Resulta muy auténtico. He de confesar, que le debemos parte del éxito de nuestra orientación a la tecnología, pues renunciamos al encanto de los mapas por el pragmatismo del GPS. Aun así, no pudimos evitar caer en un bucle espaciotemporal en una zona de granjas en la que por más que avanzábamos siempre y aparentemente en la misma dirección parecía que siempre volvíamos a pasar por la misma granja. Al final, nos detuvimos en una casa a intentar orientarnos y muy amablemente el bueno de McAllister salió de la casa y se ofreció a orientarnos. A pesar de que la mitología dice que los hombres tenemos algún gen extraño que no nos permite aceptar que nos hemos perdido y pedir ayuda, me tragué mi orgullo masculino (si es que alguna vez lo he tenido) y le pedimos orientación. Con un acento profundo con el que no entendimos nada nos indicó el camino correcto y gracias a esta explicación no tuvimos mayores problemas para volvernos a perder en cuanto reemprendimos la marcha. No sé describir en dónde radica exactamente el atractivo de estas rutas o si es solamente una influencia de las road movies, pero el caso es que soy de los que disfruta de este tipo de cosas…

Wine Country
Esta vez no voy a elogiar la gastronomía del viaje. La verdad es que a no ser que tengáis curiosidad por saber de cuantas maneras se pueden desayunar unos huevos o con cuantos ingredientes puede venir una hamburguesa, la gastronomía, salvo contadas excepciones, no dio para más. El vino en cambio sí que está bien. Una tarde nos fuimos por la zona de Wine Country. Merecía la pena ver el color amarillo de los viñedos por las hojas secas tras la vendimia. Allí, en las bodegas, por unos 15$ te ofrecen catas de vinos de los cuales, aunque con distinto veredicto, todos merecen el aprobado. Además sale barato si como a nosotros se les olvida cobrarte (entiendo que como señal de amabilidad por su parte), gesto ante el que no pusimos ningún pero en señal de respeto a las costumbres locales.

Bueno, lo voy a dejar aquí que me estoy extendiendo en detalles y en el fondo no hace falta extenderse tanto para concluir que sin duda es un viaje que merece la pena. Ha superado con creces todas mis expectativas, que ya eran altas… Volveré a hacer otra rutilla…

Por cierto... Esto del jet lag... ¿Era necesario?

lunes, 10 de septiembre de 2012

Alemania


Desde crío siempre sentí una afición por las carreras de formula 1. Era extraño pues no era una afición compartida por mis amigos y mientras ellos coleccionaban cromos de futbolistas yo intentaba enterarme de historias de ese mundo de los pilotos (no había internet, pero sí bibliotecas…) que me parecía apasionante, eran como los caballeros medievales que se jugaban la vida pero en vez de en un torneo, en una carrera… No se muy bien como me vendría esta afición, puede que influyera, que cuando yo jugaba al futbol o a otros deportes con mis amigos me quedaba en el partido sin moverme, mirando los arboles o cualquier otra cosa que me distrajera y pensando en mis cosas que me parecían más interesantes… Eso a su vez provocaba que cuando echaban a pares o nones para elegir a los equipo a mi me dejaran para el final junto con los gorditos o más torpes… Por lo que supongo que tuve que ampliar mis aficiones deportivas. Creo recordar que lo primero que tuve relacionado fue un comic de Spirou cuya trama se desarrollaba en el transcurso de un Grand Prix.

Algo más mozo, joven y apuesto ;-), empecé a leer historias y biografías de los pilotos de los 40, 50 y 60, auténticas epopeyas que casi siempre acababan en una curva… y empecé a ver las por entonces pocas carreras que echaban por la tele… Y así hasta hoy, que conservo la afición a este deporte pues he de reconocer, que aunque haya perdido todo el romanticismo de las historias que he leído de los Golden Years, me emociono como el primer día cada vez que me quedo sordo la primera vez que vuelvo a oír un motor de carreras revolucionado o noto el olor a goma quemada cuando me aproximo a un circuito…

El caso es que he tenido la suerte de que entre mi circulo de amigos ésta afición la compartimos varios. Digo la suerte, porque esto a nosotros nos viene de lejos, pues ahora se ha puesto de moda con lo de Fernando Alonso, pero nosotros ya planeábamos escapadas para ver carreras antes de esto, y lo seguiremos haciendo cuando Alonso se retire y ya no lo siga nadie por aquí… (Es curioso como somos aquí en España, recuerdo que una vez medio país estuvo paralizado porque podía ganar una medalla de oro un hombre que se acababa de nacionalizar, Juanito Muller, creo que era, y la carrera era de esquí de fondo, deporte de gran calado en nuestro país… cuando se descubrió que estaba dopado y le descalificaron… nadie ha vuelto a ver una carrera de esquí de fondo…)

Pues como os decía, empezamos a escaparnos para ver carreras y poco a poco empezamos a institucionalizar una tradición que no incumplimos desde hace más de una década; una vez al año, elegimos una carrera en un país y nos escapamos para dejarnos caer por allí. Poco a poco hemos ido añadiendo días por delante y por detrás a los propios de la carrera y esta tradición es ya un viaje anual en toda regla que además de la carrera tiene como objetivo pasar unos días juntos desfrutando de las cervezas propias del lugar y ver o visitar los lugares del mismo que nos llaman la atención.

Este año, el lugar elegido fue Hockenheim, pues aunque ya habíamos estado en Alemania el año anterior para tal propósito, la otra vez fue en Nürburgring, que distan bastante el uno del otro y por lo tanto nos permitía planificar un viajecillo distinto por allí.

Aunque llevábamos preparada una buena ruta (de hecho el viaje empezó y finalizó en Suiza) con varias cosillas para ver… la verdad es que, como suele pasar, los planes se cambian sobre la marcha y nos gustó mucho la ciudad de Heidelberg, así que aunque sí que nos desplazamos a algún que otro sitio, estuvimos la mayor parte del tiempo en esta ciudad.

Heidelberg
Heidelberg
Heidelberg fue una grata sorpresa, no la conocía y me encantó la estancia. Es una ciudad pequeña, pero lo realmente interesante es su parte antigua. Está construida a lo largo de la rivera del río Neckar. Al ser ciudad una alargada, en paralelo al río, tiene muy poca anchura y varias calles más largas a lo largo de la rivera. En general se nota que es una ciudad turística pues paseando por sus calles te encuentras a más de un visitante y está llena cafés. Pero lo que nos atrajo especialmente fue su combinación de ambiente estudiantil y bohemio... A la sensación de pasear por la parte antigua viendo el ambientillo de actuaciones callejeras se suman las posibilidades de recorrer el camino de los filósofos o el parque contiguo al castillo. Dos sitios por donde pasear y ver la ciudad desde una zona más elevada y poder desarrollar una buena tertulia con los compañeros a la vez que se disfrutan de unas vistas excepcionales. Por la noche el ambientillo no se queda atrás… El hecho de ser una ciudad estudiantil hace que a altas horas siempre puedas encontrar buen ambiente por la parte antigua y que la tertulia iniciada por la tarde se pueda alargar en un ambiente más “simpático” con alguna copilla de por medio… Me gustó tanto la ciudad que al final tuve que anotar su nombre en esa libreta imaginaria en que a veces apunto ciudades en que no me importaría vivir.

De los otros sitios en que estuvimos, me marcó especialmente la visita a Dachau.

Nunca había estado en un campo de concentración y era algo que tenía pendiente desde hace tiempo. Recuerdo que unos días antes fui a ver la obra de teatro “Proyecto Milgram”. Sin entrar mucho en la obra, había un momento en que uno de los actores disertaba sobre la conveniencia o no de que un campo de concentración se pudiera visitar o y pudiera convertirse en una especie de atracción turística. Yo siempre he estado a favor de que esto sea así, no solo los campos de concentración, sino las evidencias de cualquier otra atrocidad que hemos cometido a lo largo de nuestra historia. Creo en la tópica frase de que conocer la historia es la única manera de evitar caer en los errores del pasado, aunque no soy nada utópico, pues soy consciente de que somos lo suficientemente estúpidos para cometer varias veces los mismos errores antes de aprender de ellos. El ser humano, gracias a su inteligencia ha aprendido a desarrollar los principios claves de su comportamiento en base a la educación y a la enseñanza. No hemos perdido del todo nuestros instintos, que duda cabe, pero comparados con otras especies, nuestro aprendizaje juega un porcentaje mucho más importante en nuestro comportamiento que el que juega en otras especies en donde el instinto es el factor primordial. Por ello, considero que la enseñanza de nuestra historia y sus consecuencias es clave para que podamos seguir evolucionando como especie y de ahí que estoy totalmente a favor de que los campos de concentración se puedan visitar.

Dachau
La visita es una experiencia difícil de calificar. A pesar de que íbamos cuatro, prácticamente no hablamos entre nosotros en toda la visita… Incluso estuvimos en muchos momentos separados, casi sin darnos cuenta, cada uno inmerso en lo que veía y en sus pensamientos. Recuerdo que a mí me llamó especialmente la atención el ver la naturalidad con que me cruzaba en el campo con grupos de colegiales alemanes que de manera distendida escuchaban las explicaciones de su maestro en lo que este les estuviera contando de lo ocurrido allí… No sabría describirlo… me dio cierto curiosidad el saber como les estaría contando a un maestro a sus alumnos un episodio tan espeluznante, pero a la vez me gustaba que se hiciera.

Cuando salí, además de los sentimientos evidentes que te produce la visita a un sitio así, me quedé con una sensación como de haber hecho algo que tenía que hacer, que debería hacer casi todo el mundo…

Siempre piensas en que algo así te podría haber pasado a ti, poniéndote en el lado de las víctimas… Pero cuando piensas en que casi todo un país contribuyó o hizo la vista gorda con algo así… otra pregunta aterradora es también ¿Qué habríamos hecho nosotros si fuéramos alemanes en aquella época…? Tras una visita a un sitio de estos son tantas las cosas que te preguntas ante tanto sinsentido que te tiras unos días un poco tocado…

Bueno, la verdad es que el título de esta entrada era Alemania porque la intención al principio era, como suelo hacer en la sección viajes, hacer comentarios de mis experiencias por allí… Al final me ha quedado una entrada de reflexiones/confesiones en la que de lo que menos he hablado es del viaje… Pero en fin, así es este blog, sólo tiene dos reglas y no he incumplido ninguna, a saber:

1.- Regla 1. Este blog solo tiene dos normas.
2.- Regla 2. La regla anterior la puedo cambiar cuando quiera.

Así que aunque me ha quedado una entrada de viaje un poco atípica… Así la dejo.

lunes, 27 de agosto de 2012

Bulgaria


¿Venden algún jarabe para la depresión tras vacaciones? Si es así pasadme el nombre, que me compro una garrafa… Si no, no os preocupéis, que seguro que se me pasa en breve… Es que hoy me pilláis en un día duro de vuelta a la cruda realidad... Por ello nada mejor que hacer una de mis terapias… Una buena isotónica con hielo, una buena lectura y alguna entradita en el blog rememorando los días que acabo de dejar atrás y que he dejado impresos en mi memoria…

He tenido oportunidad en este tiempo de hacer varias cosillas, entre ellas algún que otro viajecito. Con alguno de ellos inauguro hoy mi vuelta al bloggeo.

Últimamente, con independencia de si viajo sólo o con algún compañero de aventuras, soy más partidario de organizar los viajes por mi cuenta. Sin embargo, esto requiere tiempo y planificación y no siempre es posible, así que esta vez decidí contactar con una agencia que organiza viajes de trekking que ya conocía de algún otro viaje anterior. Una de las posibilidades que vi con ellos es la de hacer senderismo por Bulgaria. ¿Qué sabéis de Bulgaria? He de confesar que yo no sabía mucho, salvo algunos temas más genéricos de su historia y que en alguna revista de las que me leo de viajes salía últimamente de vez en cuando y por ello era uno de los países que me despertaba curiosidad para un destino próximo. Así que me decidí.

Finalmente fuimos un grupo de cuatro, con una agencia búlgara que recomiendo a quien quiera conocer este país. Son una agencia compuesta por un grupo de gente montañera que trabajan en un proyecto de turismo sostenible. Stela, nuestra guía, ha sido sin duda uno de los factores que ha hecho que este viaje me haya llenado tanto. Además de ser una tía genial, transmite su entusiasmo por la naturaleza, historia y tradiciones de su país de una manera que resulta imposible no contagiarse de todo ello cuando estás por allí. Según me comentó en alguna ocasión, el resto de compañeros de su agencia tienen el mismo buen rollo que ella, por ello lo de mi recomendación de esta agencia, de la que pongo el contacto abajo, pues si alguna vez os animáis a juntaros un grupete de amigos para patear algunos senderos de este país, podéis contactar con ellos y organizaros un viaje a medida que seguro disfrutaréis. El grupo en realidad éramos seis, pues también contamos con Dani, un conductor local, pero Dani no hablaba mucho inglés ni castellano y por lo tanto, y aunque parecía bastante majete, no hubo mucha oportunidad de charlar con él.

Pirin
Como ya he dicho en alguna que otra entrada de algún viaje en este blog, no voy a intentar describir el país, pues un país no se conoce sólo por que estés unos días por allí, ni voy a hacer un diario de lo que hicimos cada día, pues para eso ya hay libros, revistas o programas de viajes que tienen experiencias mucho más exhaustivas y detalladas que la que mi memoria me permita hacer. Simplemente describiré alguna de las cosillas que me llamaron la atención.

Nuestro plan diario era casi siempre parecido, por la mañana, Dani nos dejaba al comienzo de un sendero que se adentraba en alguna de las cordilleras de por allí. Él se iba a recogernos en donde estaba prevista la finalización de la caminata del día y nosotros nos adentrábamos en él camino…

Los Rodopes
Ha sido toda una gozada el pateo de estos caminos. No es que los paisajes sean más o menos espectaculares que los de otros sitios, para gustos hay colores y a mí me suelen gustar casi todos los senderos que transcurren entre bosques o montañas… Pero ciertamente si que son en general entornos naturales que merecen la pena y sobre todo hay dos cosas a destacar que me han gustado mucho; La primera es que a pesar de poder estar recorriendo senderos de parques nacionales, naturales, etc., no están en absoluto masificados, todo lo contrario, puedes estar todo el día recorriendo una ruta sin encontrarte a ningún otro caminante… A mí esto me ha resultado de lo más destacable, pues si bien soy aficionado a la montaña y los senderos, una de las cosas que cada vez llevo peor, es que cuando voy a patear tengo la sensación de estar rodeado de gente por muchos de los sitios y caminos y aún a riesgo de parecer antisocial, creo que la naturaleza se disfruta mucho más cuando los otros compañeros de especie no dan muestras de cercanía en multitud… Lo segundo destacable es la variedad de ecosistemas que hemos tenido en cada uno de los senderos. En sólo nueve días hemos tenido la oportunidad de adentrarnos en cinco cordilleras distintas, cada una diferente, y lo mejor, para ello no hemos tenido que recorrer grandes distancias. Cada día, después de la caminata correspondiente, Dani nos recogía y tras un breve trayecto estábamos ya en el pueblo en el que íbamos a dormir que a su vez quedaba a las faldas o muy cerca del comienzo del sendero del próximo día.

Pirin
La verdad es que he disfrutado mucho de estas caminatas. A menudo me adelantaba o me retrasaba del grupo para quedarme sólo, y poder adentrarme en el entorno, disfrutar de su color, de su sonido… No voy a describir cada una de las caminatas, pero por distintas razones, me gustó especialmente el día que en Pirin recorrimos un sendero que pasaba al lado de varios ibones y el día que en los Balcanes Centrales recorrimos un ecosendero que por lo abrupto del terreno transcurría en bastantes tramos sobre un puentecillo de madera. Una gozada.

Monasterio de Rila
Tras la caminata diaria, en el pueblo o ciudad que dormíamos, Stela nos enseñaba algunos de los sitios más destacables del lugar. He disfrutado mucho el entusiasmo con el que nos contaba algunos de los episodios de historia de su país, o alguna de sus costumbres o folklore. Hasta me he aprendido el paso básico de alguno de los bailes tradicionales de allí, que por desgracia, seguro que el tiempo borrará de mi memoria, aunque espero que no pronto…

Ya conocéis los que habéis leído alguna otra entrada de algún viaje mío que me encanta hacer el Labordeta, es decir, charlar con la gente de los sitios en que viajo, y era por la noche, en los sitios en que dormíamos, en los que tenía la oportunidad de hacerlo, así que no la desaproveché y en varias ocasiones después de cenar dejaba a mis compañeros descansando para salir a tomar algo y charlar si tenía ocasión con quien el azar me propusiera. En general tuve la oportunidad de conocer a gente joven que si bien eran estudiantes se sacaban algunas pelillas trabajando en verano y hablaban sobre sus expectativas de futuro. En Sofía, con la excusa de buscar un libro búlgaro clásico escrito en castellano, dada la dificultad de la empresa, estuve unas horillas debatiendo con algunos de los libreros sobre su visión de la Bulgaria actual frente a la Bulgaria de la época comunista. Por cierto, al final tuve suerte y uno recordó creer tener algo parecido a lo que buscaba en su casa, así que… ¡Me he conseguido traer alguna edición interesante para leer! Pues no soy yo cabezón ni nada… Por cierto, supongo que por el clima les durarán poco tiempo pero… peligra nuestro record de terrazas por metro cuadrado… Bulgaria está también lleno de terracitas para degustar una buena cerveza… (ésta y alguna que otra coincidencia más, me ha hecho plantearme si los búlgaros y españoles no tendremos algún pasado común… ;-))

Koprivstitsa
Pero no sería un buen discípulo de Labordeta si no disfrutara con la gastronomía local… y ya lo creo que lo hice. Probamos varios platos de por allí y en general, los disfruté mucho, aunque si de algo se sienten orgullosos los búlgaros en lo que a gastronomía se refiere es de su yogurt, y tienen motivos para ello, está buenísimo. Allí te toma en cualquier ocasión, desayuno, comida, cena… e incluso de usa como ingrediente de muchos de los guisos… lo hacen casero y merece la pena… se echa de menos cuando regresas…

Bueno, no me extiendo más, que para ser mi primera entrada después de este parón estival ya me estoy alargando demasiado. En general ha resultado un viaje entrañable y sorprendente, una experiencia que no olvidaré.

¡Ya estoy de vuelta! Como alguno de vosotros sois blogueros voy a indagar que habéis estado haciendo en mi ausencia…

PD: Os dejo la web de la agencia a la que he hecho mención (Odysseia-In). Es una agencia creada en 1990 por montañeros que se nota que tienen bueno rollo y son activistas en cuanto a la conservación y trabajan por un turismo sostenible. Es una buena opción para descubrir el país si os juntáis un grupillo de amigos pues hacen viajes por rutas no convencionales. Os podéis poner en contacto con ellos para hacer un viaje a medida.

martes, 10 de abril de 2012

Marruecos

Bueno, pues ya estoy de vuelta por aquí. Como comenté me fui unos días de vacaciones. El destino elegido ha sido el sur de Marruecos. Sinceramente, me ha encantado. Ha sido un viaje increíble, lleno de contrastes… ¿Por dónde empezar?

Empecemos por los tópicos.

El clima. Marruecos es un país muy caluroso. No os olvidéis, como no lo hice yo, de llevaros ropa ligera, mucha manga corta, pues con lo que se suda es habitual tener que cambiarse varias veces al día, y sobre todo ropa de baño, que con el calor cada vez que tengáis oportunidad os daréis un chapuzón… No he pasado más frío ni en Canadá ni en Islandia ni en Rusia, hasta nos nevó por el Atlas!!!

La alimentación. Llevaros fortasec y algo de comida. La comida es mala y la falta de higiene os provocará diarreas casi seguro, además, acabareis pasando hambre… En fin, id resignados a pasar unos días de penitencia culinaria… He comido casi por dos. Una gastronomía estupenda, los guisos esos en los tajines, magníficos, y lo del baño… bueno, como nunca, parecía la protagonista de uno de esos anuncios de yogures ricos en fibra que sale sonriendo en ropa interior por lo bien que va al baño…

Podría seguir con el resto de tópicos… pero la entrada se alargaría y al final la conclusión sería siempre la misma; se me han caído todos los que tenía.

El viaje ha sido una ruta por varias ciudades del sur de Marruecos. Tenía como inicio y fin la ciudad de Marrakech.

Marrakech
Marrakech es una ciudad mágica. Tiene algo, aunque no sabría describir el qué. Su zoco es grande, pero no es muy diferente al de otras ciudades que he conocido como el de Estambul o El Cairo, la única diferencia es que quizás aquí los vendedores son menos pesados y más amables. Su plaza principal es muy grande. Está llena de cafés con terrazas desde los que puedes tomarte algo y disfrutar de las vistas a la misma en la que no faltan tenderetes de todo tipo, desde puestos de zumos, teóricos encantadores de serpientes que aprovechan la mínima para colgártela en el cuello, recitadores de vete tú a saber qué… Y todo esto sin hora de fin, pues cuando cae el sol, la plaza toma, si cabe, aún más ambiente. La plaza está viva, pues la gente que ves a primera hora de la tarde no es la misma que por la noche, donde antes había unas mujeres haciendo tatuajes, ahora tienes a un vendedor de lámparas… Una ciudad que despierta los sentidos.

Los ecosistemas de la ruta eran espectaculares
La ruta la hemos hecho en dos cuatro por cuatro. Y digo hemos, porque esta vez he compartido aventurilla con otros seis compañeros. Sin duda los ratos y anécdotas que hemos pasado juntos, han sido de lo mejor del viaje. Completaban el equipo un guía y dos conductores locales. Lo de los 4x4 no ha sido un capricho. El estado de algunas carreteras lo requiere, sobre todo si como nos pasó a nosotros pillais lluvias. Tuvimos incluso que vadear algún puente desbordado.

Nuestro periplo nos ha conducido por el alto y el medio átlas, el desierto y la costa.

Niños en el alto átlas
El alto atlas es sorprendente. Quizás es de lo que más me ha gustado. Es un paisaje árido y abrupto. La población es si cabe aún más pobre que en otras zonas y es que aquí la posibilidad de la agricultura no se da y la subsistencia se limita a los ingresos del pastoreo y el turismo de aventura principalmente. En un pueblo que paramos a comer, los niños, su vestimenta, la arquitectura y disposición de las casas… me recordaba en algo a los reportajes del Tibet. No se muy bien como describir la sensación, pero me gustó muchísimo el día que pasamos por el alto atlas. Por cierto, como he dicho antes, nos cayó una buena nevada. Ese día tampoco pude ponerme el bañador.

Amanece en el desierto
La experiencia del desierto tampoco estuvo nada mal. Es como una playa gigante donde el mar queda lejos, pero con sitio de sobra para poner la sombrilla. Esa noche dormimos en jaimas. No se cuantos días al año llueve en el desierto, pero uno de ellos tuvo que ser esa noche. Así que mientras dejaba de chispear estuvimos en un albergue con unos autóctonos haciendo una fusión musical entre ritmo bereber y rumba vallekana que no quedó nada mal. Por la mañana temprano nos subimos a una duna para ver la salida del sol. Una grata experiencia visual. No tanto sensorial, pues casi me congelo allí mismo. No se cuantos grados haría hasta que salió el sol, pero vamos, esa mañana tampoco pude ponerme el bañador.

Quizás ha sido la zona de costa lo que menos me ha llamado la atención. Y no es cuestión de que no merezca la pena, sino que probablemente es lo menos distinto a lo que estoy acostumbrado a ver. Aun así, si te pierdes por la zona céntrica del pueblecito en cuestión, sigues respirando el ambiente mágico de las ciudades y los pueblos de allí.

Medio átlas
Bueno, me podría seguir enrollando y acabaría describiendo cada día, pues todos tuvieron algo especial. En general ha sido un viaje tan lleno de contrastes que me deja muchas escenas imborrables.

La gente es muy amable por allí. Nos decían que era por estar en el sur, que en el norte la gente es más arisca. No lo sé, pero en general tuvimos un trato muy ameno con la gente local. Es buen momento para ir, con el miedo al terrorismo, las revueltas en los países islámicos y la crisis económica el turismo ha bajado bastante y en ningún momento tienes la sensación de estar haciendo el guiri salvo en las ciudades más grandes. La gastronomía estupenda, de verdad, ya sé que por los comentarios que he hecho en otras ocasiones puedo dar la impresión de ser un poco tragaldabas, pero es que es verdad, estaba todo bastante bueno, es un país ideal para hacer el Labordeta. 

Los cauces de los valles son verdes y frondosos
Para los que como yo, necesitéis algo de medicación de vez en cuando para refrescaros, es fácil encontrar cerveza en determinados sitios para no interrumpir el tratamiento. Lo único que eché en falta para la próxima vez que vaya es llevarme algún CD de música. Al principio viene bien delegar la responsabilidad en el conductor autóctono, y así te pone su música y te integras en el ambiente local… pero cuando llevas tres días escuchando canciones con estribillos que se repiten y que duran veinte minutos… os lo prometo… yo había momentos en que me desdoblaba con esos mantras y me veía a mi mismo desde el techo del coche…

Una experiencia inolvidable. Si no lo habéis hecho aún, os lo recomiendo. Está a dos horas en avión y es muy barato. No hay escusa. Si además tenéis la suerte, como yo, de compartir la aventura con unos compañeros estupendos, pues que más se puede pedir. Y si ya lo habéis hecho, contadme ¿Qué os pareció?

Bueno, lo dicho, he vuelto…

martes, 20 de diciembre de 2011

Un País para Comérselo

Un País para Comérselo  (Serie Documental 2010-¿?) (2 Temporadas, 25 Episodios).

Ya sabéis que me gusta viajar, leer sobre viajes y las series documentales. Con estas premisas es conclusión natural que algunas de las series que me gusten sean las que van sobre viajes. Creo que Lonely Planet popularizó una nueva manera de abordar estos documentales viajeros en que un protagonista narraba la historia sustituyendo al narrador habitual, pero de eso ya hablaré en alguna entrada que haga para tratar alguna de estas series de viajes internacionales, pues hoy voy a hablar de una de la geografía nacional, que también me gustan mucho, se trata de Un País para Comérselo.

La serie la protagonizan Imanol Arias y Juan Echanove, aunque también aparecen Tonito Guitián y Floren Domezaín.

Lo primero que se nos viene a la memoria viendo un capítulo de la serie, es el recuerdo de aquella mítica serie Un País en la Mochila, protagonizada por Labordeta. La similitud entre ambas va mucho más allá del título, pero dejaré el tema por si algún día hago alguna entrada de esa serie que fue culpable de que a tantos caminantes nos guste perdernos por parajes recónditos de nuestra geografía y nos frustremos si a nosotros no nos invitan a unas migas como hacían con el gran cantautor.

El factor diferencial de ésta es que se basa en la gastronomía como hilo argumental principal, pero sin descuidar el encanto paisajístico. Vamos, que ni que la hubiera ideado yo, que siempre he sido partidario en todos mis viajes nacionales de dedicarle el tiempo necesario a la gastronomía que ésta se merece experimentándola en primera persona.

Esta serie la he descubierto gracias a una amiga, que tiene el don de disfrutar con el hechizo de determinados lugares con encanto, ya que cuando éstos salían en la misma, ella me avisaba para que yo también lo viera y así, poco a poco, empecé a ver algún episodio y ahora ya he visto unos cuantos.

La serie te engancha por varios motivos.

La mitad de los lugares los conoces y en seguida reconoces los lugares y situaciones que tú has vivido (yo también he estado allí, yo también me he comido esa tortilla de patatas al lado de la mezquita, yo también…), y los que no conoces… pues bueno, es que están ahí, a un ratillo en tren o coche y ¿Por qué no ir uno de estos findes o cuando se pueda…?

Luego el Imanol y el Echanove, que están hechos unos tragaldabas y lo hacen en la serie bastante bien, no por interpretación, sino por naturalidad. Vamos, que dan un poquillo de envidia. (¿Donde habrá que echar el curriculum para hacer el casting a protagonista de una serie de estas? Yo me lo pasaría bomba…)

Y por último el montaje de cada episodio me parece un acierto. El guion mezcla situaciones gastronómicas de los protagonistas, con entornos paisajísticos y urbanos, y con relatos de personajes del entorno que explican desde como se cultivan alguno de los productos que los tragaldabas disfrutan hasta como se hace una ristra de ajos.

Bueno, ¿Que hacéis el finde que viene? ¿Alguien se apunta a irnos de viaje y dar buena cuenta de un cocido montañes?

Nota aclaratoria: Por costumbre, cuando en alguna entrada hago referencia a países, hago comentarios como “aquí”, o “en este país”. Sé que sois varios los que seguís este blog y que somos una comunidad de distintos países. Una vez uno de vosotros me escribisteis diciendo que intentara no hacer este tipo de comentarios pues descolocaban un poco hasta que uno se daba cuenta de que yo era español y ya se situaba. Pues bien, releyendo la entrada, me doy cuenta de que me ha vuelto a pasar, y por ello, si alguien entra por primera vez en el blog y lee esta entrada, aclaro que cuando hago referencia a la gastronomía nacional, me refiero a la gastronomía española. En cualquier caso seáis de donde seáis, os recomiendo que le echéis un vistazo a alguno de los episodios de la serie.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Canadá

Bueno, pues ya estamos por aquí.

Como ya os dije me iba a hacer el insomne por otras urbes y me he ido con otro compañero del metal a conocer alguna de ellas. Las elegidas han sido Toronto, Montreal y Quebec, vamos, una pequeña ruta canadiense.

Como dije en otro post, no me atrevo a recomendar viajes a nadie porque cada uno tiene sus gustos y equivocarse en un libro es relativamente barato, pero en un viaje, bueno la cosa cambia… Solo diré que para mí ha sido una experiencia alucinante.

La verdad es que aun siendo tres ciudades Canadienses, son tres ciudades totalmente distintas, o al menos esa ha sido mi impresión, al fin y al cabo siempre es pretencioso hablar de algún sitio en el que sólo has estado unos días, pero bueno, para eso éste es mi blog, que para más tecnicismos están las guías de viaje.

Toronto, es muy parecida a las urbes estadounidenses, pero menos estresante, y con más encanto, tiene algo que no se describir, que la hace que a la vez que sea una inmensa urbe, sea también acogedora y esto no es una impresión individual, con quien fui estuvimos de acuerdo en que no nos importaría vivir por allí una temporadita, y una madrileña por el mundo a la que conocimos por allí también de viaje, se estaba pensando seriamente el irse a vivir allí, por lo que me parece un comentario apropiado. Montreal, si bien también es una gran ciudad, tiene algo más de ciudad europea, pero de las nuevas, no de esas con casco  histórico, eso ya se lo dejamos a Quebec, más pequeña, pero con el encanto de las ciudades con casco viejo.

Montreal
La diferencia entre la parte anglófona y francófona también se nota, aunque bueno, Toronto, más que anglófona se podría decir que es variófona, pues es sobre todo una ciudad multicultural, sin embargo en lo que no se nota es en el carácter de la gente, que rebosa amabilidad por los cuatro costados y no me refiero a la amabilidad típica de los sitios en que es costumbre lo de dejar propina, sino a la de todo el mundo, una amabilidad sincera. En general la gente parece feliz, orgullosa de su tierra, y eso se nota. Por supuesto también hay homeless, como en todas las ciudades, pero nunca tienes sensación de inseguridad, sino todo lo contrario.

No voy a aburrir con las cosas que hay que ver de cada sitio y eso, que como he dicho antes, para eso están las guías, pero por hacer una selección, de Quebec, me quedo con su casco histórico, de Montreal con su vida nocturna y de Toronto pasear por sus barrios (las destilerías, el barrio chino, el barrio gay…). Aunque bueno, en general, cuando digo pasear, y esto vale para las tres… siempre con hidratación, cada poco tiempo, de una buena cerveza, en un buen garito… merece la pena.

Jazz en Quebec
Para salir, en Montreal siempre hay locales con música en vivo, en Toronto y Quebec, la verdad es que tuvimos suerte, pues nos pilló respectivamente los días de Halloween y del festival de Jazz en cada una, por lo que no faltaban alicientes para salir por la noche a tomar algo.

En cuanto a gastronomía, pues bueno, hay que dejarse asesorar. Es imprescindible, probar las poutine y la smoked meat, pues aunque sea comida rápida es lo típico, pero lo realmente recomendable es irse algún que otro día a darse una buena cena en un restaurante típico canadiense y probar carne de bisonte, caribú, o cualquier otro de los mamíferos de por allí. Una experiencia.

Toronto
Otra cosa que nos gustó, es que aunque sí son sitios turísticos, no lo son de forma agobiante, de hecho, cuando hablábamos con alguien de por allí, se sorprendía de fuéramos de España y que estuviéramos por allí de viaje, aunque claro, supongo que siempre influye la época, pues en verano será distinto. Sin embargo, para el que piense que no es la mejor época para ir, a nosotros nos gustó mucho, pues no hacía tanto frío como se pudiera pensar y en cambio el color del otoño por allí es ciertamente espectacular en toda la gama cromática de colores posibles.

Para finalizar, lo mejor, su gente. No es que hayamos intimado en exceso con la gente de por allí, principalmente debido a que nuestra verborrea en inglés es comparable a la de Tarzán en una película muda y a que los españoles tenemos un imán para acabar encontrándonos en los sitios y acabar hablando entre nosotros, pero la sensación que hemos tenido siempre allí es la de ser muy bien acogidos.

Bueno, lo voy a dejar aquí que si no rompo mi norma de no hacer las entradas muy largas. El que se quede con ganas de más, que se busque un episodio de la Lonely Planet, que seguro que lo hay, y que se anime.

See you later.